Pescadores de langosta / San Quintín, Baja California.

San Quintín es una región del norte de Baja California, famosa por su industria agrícola. Allí están asentadas varias empresas multimillonarias de magnates estadounidenses, quienes poseen grandes cantidades de terrenos y aprovechan la mano de obra barata para cultivar en invernaderos, sobre todo tomate, pepino y fresas. Lo paradójico es que muchas de estas frutas y verduras cosechadas por mexicanas y mexicanos en territorio nacional, son llevadas a Estados Unidos para su empaque y ser exportadas a todo el mundo, incluido nuestro país. Cosas del capitalismo.

Pero además de la agricultura, San Quintín tiene grandes granjas o criaderos de ostión, abulón y es de las principales bahías de donde se extrae almeja y langosta de manera artesanal. Tuve la oportunidad de acompañar una mañana a tres pescadores que se dedican a la pesca del cotizado y cada vez más escaso crustáceo.  Gilberto Torres, Juan Soto e Ismael González.

La cita fue en la rampa que está junto al molino viejo de la bahía, donde introducen una lancha de motor donde cabíamos 4 personas y espacio para 4 jaulas o trampas mas o menos grandes de alambre.  No sabía a lo que me enfrentaría, ingenuamente pensé que sería una especie de paseo dominical en lancha, con sol y oportunidad para echar un chapuzón. 

Estaba muy equivocado.  De entrada me tuvieron que prestar ropa adecuada pues yo solo llevaba pantalón de mezclilla y un ligero rompe vientos.  Me tuve que enfundar un traje impermeable completo, chamarra gruesa y botas de plástico.  De no llevar puesto todo eso, seguro te da una hipotermia, ya que el viento en la mañana es muy frío, el agua está helada y no es buena idea tener la ropa mojada en esas condiciones.

Iniciamos el viaje con un espectacular crepúsculo y a toda máquina nos adentramos en mar abierto. El trayecto de más de un hora y media sin parar, aunque brusco fue placentero.  Pero una vez en mar abierto, con los pescadores iniciando sus labores y el capitán haciendo malabares con las olas crispadas, la sensación cambió debido al inevitable mareo de quien no está acostumbrado al vértigo del mar abierto. El malestar iba en aumento debido a que la mirada la tenía puesta en la pantalla de la cámara con la que estaba grabando ciertos aspectos de la faena, hasta que decidí suspender por un rato mi trabajo para concentrarme en ver al frente  e intentar estabilizarme y control el vómito y el malestar en general. Afortunadamente después de media hora logré calmar el estado inconveniente para poder seguir grabando la intensa y agotadora labor de estos pescadores.

Su método de trabajo es básicamente de recolección y reciclaje de jaulas de metal, que en realidad son trampas con carnada para atraer peces y langosta. También caen otras especies como pulpos y anémonas.  Si los animales no son adultos y no cumplen con un mínimo de tamaño, son regresados al mar, ya que por convenio y conveniencia de todos los pescadores del lugar,  tienen que respetar la edad. Así, van en busca de sus jaulas que identifican con boyas de diferentes colores, jalan de la cuerda que mide más de 20 metros y sacan la trampa. Sacan el botín, si es que cayó algo, rellenan de carnada el contenedor dispuesto para ello y vuelven a dejar la jaula en el fondo del mar. Esta tarea, que hacen todos los días, dura aproximadamente 6 horas.


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