Cantera / San Salvador, El Seco, Puebla

Esta pequeña población de Puebla, no tendría mayor interés si no fuera por el “El Brujo”, cerro que brinda el sustento principal  a los artesanos de la región, ya que de ahí se extrae la piedra volcánica con la que se elaboran piedras de molino, artesanías varias, esculturas, fuentes, pero primordialmente molcajetes de diferente tamaño y estilo.

Cuando uno llega al pueblo y recorre sus calles, lo más notorio es la presencia de piedras. Rocas por todas partes. Muchas de las fachadas están invadidas por rocas volcánicas aguardando su momento para ser labradas y convertirse en la piedra mágica donde los ingredientes se mezclen y surja el manjar de sabores que aderezan cualquier taco en México.  También muchas de las bardas y viviendas están construidas con esa misma piedra. Gran parte de los hombres que viven en la región, que no son muchos porque la mayoría trabaja en las cocinas de Nueva York, trabajan en la extracción, corte y labrado de esta piedra.

Muy temprano por la madrugada, salen los primeros tractores con cajas que transportan a los trabajadores hasta la cima del cerro. Ese mismo transporte se ocupa para bajar la piedra cortada y escogida, lista para ser labrada.   Hay artesanos que trabajan por su cuenta, quienes prefieren subir en burro y transportar la piedra en el lomo del animal.

Estar en aquel cerro y presenciar la labor de esta gente, es como viajar en el tiempo y  atestiguar lo más básico y primigenio del trabajo humano, además de la agricultura y la caza. Picar piedra, incansablemente, con cincel y martillo. Escoger entre un universo de rocas, las que puedan servir y dar la primera forma y tamaño para que más tarde se convierta en molcajete o lo que se conoce como “mano o manita” que es el complemento para que pueda funcionar el ancestral instrumento.   En este antiguo oficio existe la división del trabajo. Hay quienes  se dedican a explotar ciertas zonas de roca grandes con pequeños dispositivos de dinamita. Otros escogen y pican piedra. Unos más dan forma a las rocas, ya sea para molcajetes o para las manitas. Y los últimos pero no menos importantes en la cadena, los que cargan los tractores con estas piedras para ser llevadas al pueblo.

Quienes deciden utilizar animales, llevan a cabo una labor minuciosa de acomodo y amarre para que el burro tenga una carga suficiente y equilibrada. Se podría hacer una bella escultura con esa técnica envidiable.

Una vez en los distintos talleres, las piedras son trabajadas por los artesanos quienes utilizan máquinas pulidoras para satisfacer los pedidos más grandes. Pero existen también quienes siguen trabajando con técnicas totalmente artesanales, sin máquina, para la elaboración de productos mucho más caros y apreciados.  También se trabajan pedidos especiales bajo diseños más contemporáneos, encargados por comerciantes y diseñadores de las urbes, para ser vendidos por catálogo a precios que el artesano o quien pica la piedra, nunca se imaginaría. Eso sí, en la etiqueta del producto seguro estará la leyenda: “Artículo artesanal, elaborado bajo normas socialmente responsables”.

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