Campanas / Tizapán, Hidalgo

En un lugar bellísimo de la sierra de Hidalgo, se encuentra un pequeño pueblo de menos de mil habitantes  llamado Tizapán, ubicado en el municipio de Zacualtipán.  Solo allí y en otro pueblo de Tlaxcala se producen campanas para iglesias. Hechas totalmente a mano, sin maquinaria, como hace siglos. La campana, para no ser sorda en su repique, exige experiencia, tradición, mucho esfuerzo y tiempo en su producción.  El hecho de presenciar el maravilloso proceso de elaboración de esta especie de crinolinas de metal, antecedente principal del reloj mecánico, me remite a tiempos medievales donde el sonido de las campanas anunciaba el inicio y fin de las jornadas laborales o la apertura y cierre de las puertas de la ciudad. No es casual que el término en inglés clock (reloj), tenga raíces etimológicas con la palabra en alemán glocke y en francés cloche, que significan campana.

Todo el trabajo y tiempo que implica hacer una campana (cada molde de barro es único y puede ser utilizado una sola vez), se contrapone a la aceleración en la producción capitalista moderna, que a partir de la revolución industrial, transformó las jornadas laborales y en términos generales sustituyó el trabajo humano por maquinaria para la producción en serie, rápidamente desechable. El inicio de una sociedad de consumo, donde el objeto no tiene valor de uso sino de significado.

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